
Dos días permiten entrar en los sitios en vez de verlos por fuera: la Casa de las Conchas, el convento de San Esteban con su fachada plateresca, y el Huerto de Calixto y Melibea, donde termina La Celestina, que es el mejor sitio para sentarse cuando la ciudad se llena.
Toca un punto para ver cuál es y cómo llegar.
Una propuesta, no una obligación: al crear el viaje os lo repartís como queráis.
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💡La ciudad cambia de color con la luz
Todo está construido con arenisca de Villamayor, que empieza el día casi blanca y acaba dorada. La última hora de sol en la Plaza Mayor y desde el puente romano es cuando de verdad se entiende por qué la llaman la ciudad dorada.
💡De octubre a mayo es otra ciudad
Treinta mil estudiantes sobre ciento cuarenta mil habitantes: en curso, la ciudad tiene un pulso que en agosto no tiene. Si buscas ambiente, ve en primavera; si buscas las piedras sin nadie delante, ve en julio y madruga.
💡Busca la rana tú solo
Está en la fachada de la Universidad, sobre una calavera, en la parte derecha. Todo el mundo te la va a señalar y todo el mundo te va a vender un llavero con ella. Aguanta cinco minutos mirando antes de que te la enseñen: es media gracia del sitio.
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