Viajar sola a partir de los 50 y los 60: por dónde empezar
Casi todo lo que se escribe sobre viajar sola está pensado para alguien de veinticinco años con mochila, albergue compartido y seis meses por delante. Si tienes cincuenta, o sesenta, nada de eso te sirve, y la conclusión fácil es que viajar sola no va contigo.
Va, y probablemente mejor que a los veinticinco. Lo que cambia no es la capacidad: es el tipo de obstáculo, que casi nunca es el miedo y casi siempre es con quién ir. A partir de los sesenta se suma una pregunta concreta, si el Imserso te sirve o no, y también tiene respuesta.
El problema no es el miedo. Es el «con quién»
Esta es la parte que los artículos no cuentan, porque suponen que a los cincuenta lo que da miedo es el mundo. Casi nunca es eso.
Lo que pasa, y pasa a casi todas, es más prosaico: tu gente dejó de poder. Una amiga tiene a su madre delicada, a otra le acaba de cambiar el trabajo, otra se separó y ahora no le cuadran ni las fechas ni el dinero, y a tu pareja —si la hay— le apetece la playa de siempre. No es que no quieras viajar. Es que se te ha quedado el plan sin gente, y eso no se arregla leyendo sobre valentía.
A los veinticinco el problema era el dinero y siempre había alguien libre. A los cincuenta suele ser al revés: hay presupuesto y no hay agenda que encaje. Son problemas distintos y se resuelven distinto.
Lo que juega a tu favor y no te han dicho
Sabes lo que te gusta. A los veinticinco se viaja probando; a los cincuenta ya sabes si te gusta madrugar, si aguantas un museo entero, si prefieres un pueblo a una capital. Eso hace que un viaje tuyo salga bien mucho más a menudo, y que puedas decir que no a un plan sin sentirte mal.
No tienes que demostrar nada. Ni dormir en un sitio horrible para ahorrar quince euros, ni salir todas las noches, ni volver con la lista completa. Puedes pagar por una habitación tranquila y por no madrugar, y eso —que a los veinticinco es un lujo— es justo lo que hace que un viaje sola sea descansado en vez de agotador.
Viajas fuera de temporada. Si ya no dependes del calendario escolar, tienes mayo, junio, septiembre y octubre. Mejor tiempo, mitad de precio, y sin colas. Es la mayor ventaja de todas y se aprovecha poco.
La seguridad, dicha sin paternalismo
Viajar sola a los cincuenta no es más peligroso que a los veinticinco; si acaso lo contrario, porque llamas menos la atención y tienes más oficio. Lo que sí cambia es que conviene ser más práctica con lo aburrido:
- El alojamiento importa más que el destino. Pagar treinta euros más por estar en el centro y llegar andando de noche compra más tranquilidad que cualquier otra decisión del viaje.
- Llega de día. Es la regla que más sirve y la más fácil de romper por ahorrar en el vuelo. Aterrizar a las once de la noche en una ciudad que no conoces es cuando aparecen todos los problemas.
- Que alguien sepa dónde duermes. No hace falta un parte diario: el nombre del hotel y las fechas en un mensaje bastan.
- El seguro deja de ser opcional. Un percance médico fuera de Europa se va a cifras serias, y la tarjeta sanitaria europea no cubre nada fuera de la Unión. Es la línea del presupuesto que más se recorta y la que peor sale.
Más desarrollado en viajar sola siendo mujer: seguridad y consejos y es seguro viajar con desconocidos.
A dónde ir la primera vez
Si hace años que no viajas sola, no empieces por Vietnam. No por miedo: porque un primer viaje que sale bien es el que hace que haya un segundo, y la probabilidad de que salga bien es mucho mayor cerca.
Empieza por España. Tres o cuatro días en una ciudad que no conozcas —San Sebastián, Cádiz, Girona, Santiago— con hotel en el centro. Sin idioma, sin avión, sin cambio de moneda: solo tú decidiendo qué hacer cada mañana, que es de lo que va esto. Ideas en dónde viajar sola por España.
Después, Europa. Portugal, Italia, Grecia fuera de temporada. Los mejores destinos para viajar sola en Europa están ordenados por lo fácil que es moverse.
Y una que sorprende: el Camino de Santiago funciona especialmente bien aquí. Vas sola pero nunca estás sola, el ritmo lo pones tú y hay gente de todas las edades — de hecho más de cuarenta y cinco que de veinte. Tienes el Camino desde Sarria, que son cinco días, si quieres probar sin comprometerte a un mes.
Sola no significa siempre sola
Mucha gente que empieza a viajar sola no quiere estar sola todo el rato: quiere no depender de que a otros les cuadre. Son dos cosas distintas y se confunden.
Se puede ir sola y cenar acompañada. Se puede hacer un tramo de ruta con alguien y separarse al día siguiente. Y se puede proponer un viaje con destino y fechas cerradas, y que se apunte quien pueda esos días — que resuelve exactamente el problema del principio: no es que no haya gente, es que no coincide.
Si lo que buscas es gente de tu edad, compañeros de viaje de tu edad va de eso. Y si el reparo es viajar con quien no conoces, qué preguntar a un compañero de viaje antes de reservar te da las cuatro preguntas que de verdad predicen si vais a encajar.
A partir de los 60: el Imserso o la gente que eliges tú
Con la jubilación pasa algo curioso. El tiempo deja de ser el problema: puedes irte un martes de mayo, diez días, sin pedir permiso a nadie. Y justo entonces el «con quién» se nota más que nunca, porque ya no hay ni trabajo ni calendario que lo tape. Si viajar sola a los 60 es lo que tienes en la cabeza, casi todo el mundo te dirá lo mismo: apúntate al Imserso.
Es un buen consejo para una cosa concreta, y conviene saber cuál.
Lo que resuelve el Imserso es el precio. El Programa de Turismo de la temporada 2026-2027 tiene 879.213 plazas, con turnos aproximadamente entre octubre de 2026 y junio de 2027: estancias de ocho o diez días en la costa peninsular, Baleares y Canarias, y escapadas más cortas a circuitos culturales, turismo de naturaleza y capitales de provincia. Incluye hotel con pensión completa (media pensión en las capitales), el transporte desde tu capital de provincia en casi todas las modalidades y un seguro colectivo. Los precios van de 132,91 euros por cuatro días en una capital de provincia en temporada baja a 564,72 euros por diez días en Canarias en temporada alta. Por eso «viajes para mayores de 60» y «viajes para jubilados» se buscan tanto, y casi siempre se busca esto.
Hay un detalle que casi nadie dice: cumplir 60 no da derecho a plaza por sí solo. El programa no va por edad, va por situación. Entran, si residen en España, los pensionistas de jubilación, los de viudedad desde los 55, los pensionistas por otros conceptos o perceptores de prestaciones o subsidios de desempleo desde los 60, y los asegurados o beneficiarios de la Seguridad Social desde los 65. Si a los 60 sigues trabajando, todavía no entras.
Si vas sola, lo que hay que mirar es el suplemento individual. El precio anunciado es por persona en habitación doble a compartir. Si quieres la habitación para ti, se suman 22 euros por noche en la costa peninsular y Baleares, 24 en Canarias y 26 en las escapadas. Una estancia de diez días son nueve noches, así que en la península son 198 euros más. Y lo que pesa tanto como el dinero: la individual está, dice la convocatoria, «en todo caso, sujeta a disponibilidad». No es pagar y listo. Es pagar si queda.
La forma oficial de evitarlo es ir con alguien, y hay dos vías. Tu cónyuge, tu pareja de hecho o la persona con la que convives puede acompañarte aunque no cumpla los requisitos. Y dos personas con derecho a plaza cada una, sean o no pareja, pueden vincular sus solicitudes si las presentan en la misma provincia, con los mismos destinos y en el mismo orden de prioridad. Una amiga que todavía no es pensionista no entra por ninguna de las dos. Y la vinculación se hace en el plazo de solicitud, que esta temporada fue del 22 de junio al 10 de julio de 2026: si en junio no había con quién vincularse, en octubre tampoco.
Lo que el Imserso no resuelve es la persona. Los destinos, los turnos y los hoteles vienen dados, y a quien no tiene con quién ir le quedan dos salidas: pagar el suplemento si hay habitación o compartirla con quien le toque. Que es, otra vez, el problema del principio con otra forma.
Para eso sirve TravelMatch, y por eso conviene mirarlo antes de resignarse a lo que toque. Propones el viaje que quieres, en tus fechas y a donde quieras, también fuera de la lista del programa, e indicas en tu perfil entre qué edades quieres viajar. Antes de aceptar a nadie ves cómo viaja: si madruga, cuánto quiere gastar, cuánto le gusta andar, y qué dicen de ella quienes ya han viajado con ella. Y si os entendéis, podéis compartir habitación en cualquier hotel, que es lo que de verdad quita el suplemento. Sale más caro que una plaza del Imserso, eso es justo decirlo. A cambio, eliges tú con quién vas, cuándo y adónde.
No hay que elegir entre una cosa y otra. Nada impide hacer un turno del Imserso en invierno y en mayo un viaje propuesto por ti con gente que has elegido. Y si estás mirando viajes organizados de agencia para mayores de 60 o para singles, el suplemento individual funciona de forma parecida: lo tienes explicado en viajes para singles o para solteros según la edad.
El viaje que llevas años aplazando
Casi todas tenemos uno. Y casi siempre lleva aplazado no por dinero ni por miedo, sino porque esperar a que alguien pueda se convirtió en la forma de no ir nunca.
La diferencia entre quien viaja a los cincuenta o a los sesenta y quien no rara vez es el carácter. Es haber dejado de esperar.
En TravelMatch puedes proponer el viaje con destino y fechas y que se apunte quien pueda esos días. Ves el perfil de cada persona, cómo viaja y qué dicen quienes ya han viajado con ella antes de decidir nada. Es gratis, y la mayoría de quienes la usan son mujeres.
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Revisado en octubre de 2026. Datos del Programa de Turismo del Imserso de la temporada 2026-2027, consultados en el BOE y en imserso.es en octubre de 2026: las condiciones y los suplementos cambian entre temporadas.