Hacer el Camino de Santiago en grupo: por qué el ritmo rompe más grupos que el mal tiempo
El Camino en grupo tiene una particularidad que no tiene ningún otro viaje: no puedes irte cada uno por tu lado y quedar para cenar.
En una ciudad, si uno quiere museos y otro quiere terraza, se separan a las diez y se ven a las nueve. En el Camino, si uno anda a 5 km/h y otro a 3,5, la diferencia se convierte en una hora larga al final del día, todos los días, durante una semana. Y esa hora hay que negociarla cada mañana.
Por eso los grupos del Camino no se rompen por el itinerario —que está marcado y no se discute— sino por el ritmo. Aquí va cómo evitarlo.
Los tres pactos que hay que cerrar antes de salir
Uno: a qué hora se sale. Parece menor y es lo que más discusiones genera. Hay gente que a las seis y media ya está en la puerta con la frontal puesta, y gente que necesita un café sentada. Los dos tienen razón y los dos se enfadan.
La solución que funciona: se pacta una hora de salida y un punto de encuentro a media etapa, y entre medias cada uno anda a su ritmo. No hay ninguna obligación de caminar los seis días en fila india.
Dos: si se reserva o no se reserva. Este es el pacto grande, y explico por qué en el apartado siguiente.
Tres: qué se hace si alguien no puede seguir. Una tendinitis, unas ampollas serias o una rodilla que dice basta le pasa a alguien en casi todos los grupos. Si no está hablado antes, se convierte en una escena incómoda: la persona lesionada se siente culpable y el resto se siente atrapado.
Lo sano es decirlo el primer día en voz alta: si alguien no puede, coge el bus hasta la siguiente parada y nos vemos allí. Dicho antes no duele; dicho el cuarto día, sí.
La trampa de los albergues públicos
Esta es la parte que casi nadie ve venir.
Los albergues públicos de la red de la Xunta van por orden de llegada y no se reservan. Hubo una plataforma online de reservas hace unos años; ya no existe. Cuestan alrededor de 10 € la noche, se duerme una sola noche y hay preferencia para quien va a pie sobre quien va en bicicleta.
Y aquí está el problema: el que llega primero no puede guardar camas para los demás.
Es decir, si vais cinco y dos de vosotros andáis rápido, no hay forma legítima de que esos dos os aseguren sitio a los otros tres. Si el albergue se llena, el grupo duerme separado. Eso, en un grupo de amigos que ha ido al Camino precisamente para estar juntos, sienta fatal.
Con dos o tres personas, ir sin reserva es asumible. A partir de cuatro, reserva. Un albergue privado cuesta entre 15 y 20 € la cama —el doble que el público— pero te compra lo único que de verdad necesita un grupo: la certeza de que dormís en el mismo sitio y de que nadie tiene que salir corriendo a las seis de la mañana.
La cuenta real: unos 30 € al día por persona en albergue público con menú del peregrino, y cerca del doble con albergue privado y reserva.
Cuántos sois demasiados
Dos o tres: casi imposible que salga mal. Los ritmos se acoplan solos y cabéis en cualquier sitio.
Cuatro o cinco: el punto dulce. Hay conversación variada, se pueden hacer subgrupos por ritmo sin que nadie se quede solo, y todavía es fácil encontrar mesa y camas.
Seis o más: empieza a ser logística. Los restaurantes pequeños del camino no tienen mesa para ocho sin avisar, los albergues privados rara vez tienen ocho camas libres juntas, y las decisiones cotidianas —dónde parar, cuándo comer, si se alarga la etapa— dejan de tomarse solas.
No significa que no se pueda. Significa que a partir de seis alguien tiene que hacer de organizador, y ese alguien va a disfrutar el viaje un poco menos que el resto.
La etapa donde se rompen los grupos
Si vais por el Camino Francés desde Sarria en la versión de cinco días —la que venden todas las agencias—, el tercer día son 29,1 kilómetros: Palas de Rei a Arzúa de un tirón.
Es un 26 % más largo que la media de los otros cuatro días, y llega con el desgaste de dos jornadas y sin la euforia del final. Ahí es donde el que anda lento se hunde y el que anda rápido se impacienta.
La Xunta, de hecho, publica ese tramo partido en dos etapas cortas —Palas de Rei a Melide (14,6 km) y Melide a Arzúa (14,5 km)—. Si tenéis un día más, gastadlo ahí.
→ Todas las etapas con los kilómetros oficiales: Camino de Santiago desde Sarria.
Las cosas de grupo que sí funcionan
Sellar juntos. En los últimos 100 km hacen falta dos sellos al día en la credencial. Que una persona se encargue de recordarlo cada mañana y cada tarde evita que alguien llegue a Santiago sin Compostela mientras el resto la consigue. (Cómo funciona la credencial.)
Repartir el botiquín. No hace falta que los cinco llevéis ibuprofeno, tiritas y crema antirrozaduras. Repartidlo y ahorráis peso cada uno. (Qué llevar y qué sobra.)
Enviar las mochilas. Correos las lleva de alojamiento a alojamiento por etapa, hasta 15 kg cada una. En grupo tiene una ventaja extra: iguala los ritmos. La mayor parte de la diferencia entre el que va rápido y el que va lento es cuánto peso lleva encima.
Y si el grupo no está completo
Es el caso más habitual de todos: dos personas que quieren hacerlo y no encuentran una tercera. O una que quiere ir y no encuentra a nadie con las mismas fechas.
El Camino tiene fama de resolver eso solo, y en parte es verdad: es el viaje donde más gente va sola y donde menos gente acaba sola. Pero lo que el Camino no elige es con quién te toca. Puedes coincidir con gente que anda a tu ritmo y quiere lo mismo, o no coincidir con nadie en seis días.
Llegar a Sarria sabiendo ya con quién compartes las etapas quita esa lotería de en medio y deja lo bueno.
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